Tómate un café contigo mismo, o... dos.


Ernest Hemingway: “ escribir al mejor nivel, conlleva una vida solitaria. Las organizaciones para premiar escritores mitigan la soledad del escritor, pero dudo que mejoren su escritura. “


Con estas palabras firmaba Hemingway su discurso al recibir el premio Nobel.


“A Anne, mi mujer, sin cuyo silencio este libro nunca se hubiera escrito”

Así dedicaba Philip K. Dick, el más importante de sus libros, “El hombre en el castillo” a su mujer.


El maestro indiscutible de la ciencia ficción también ofrecía este ditirambo al sentarse con uno mismo.


Pues como si de una novela de este género se tratara, nos encontramos sentados solos en un sofá para tres, comiendo solos en una mesa para cuatro y durmiendo solos en una cama para dos.


Una vez tengas el armario ordenado por temporadas, hayas creado un arcoíris en la estantería con el color de los lomos de tus libros, te hayas convertido en un chef de repostería experimental o hayas roto tu lámpara intentado saltar a comba en el salón, ese momento ha llegado: estás SÓLO.


Es quizás en este estado cuando te acuerdas que te compraste un bloc carísimo en un viaje a Berlín o que arreglaste la máquina de coser hace tiempo, o incluso que te habías dejado el libro justo en el momento en que se descubre quién fue el asesino.


Sí, de esto va la cosa, de darle la vuelta a la tortilla y de dejarse llevar como nunca lo habías hecho antes.


Encerrado con tus cosas, con tu vida, contigo mismo y tus emociones. No hay mejor manera de poder empezar o acabar “eso” que tu y yo sabemos.

Así que ahora más que nunca habrá que tomarse un café con contigo mismo, … o dos.


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